viernes, 31 de enero de 2014

La ubicuidad de las manzanas

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de la gravedad.

Ana María Shua



Finalmente

Finalmente, nos juntamos luego de chatear por varios meses. Lo primero que pensé fue "Me gusta".

Guillermo Alehandro



martes, 28 de enero de 2014

Nuestro espectáculo

Después de tanto sentir el látigo sobre mi espalda, despertar encerrada en un ataúd, cortarme los vellos con tus cuchillos, arreglarme la barba, salir disparada de la boca de un cañón y vivir al borde de la cuerda floja. Ya no me gusta este circo donde tú eres domador, mago, lanzador de cuchillos y maestro de ceremonias.

Guillermo Osuna



domingo, 26 de enero de 2014

Jugaban

Jugaban a quererse. Incluso, a veces olvidaban que era un juego.

Clara Rodríguez



viernes, 24 de enero de 2014

A falta

A falta de un dios, se rezaba a sí misma.

Lenin Pérez Pérez



lunes, 20 de enero de 2014

Pájaros prohibidos

Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Diaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Diaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas: -¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?

La niña lo hace callar: -Ssssssshhhhh.

Y en secreto le explica: -Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

Eduardo Galeano



sábado, 18 de enero de 2014

El final

El Final

El profesor Jones había trabajado en la teoría del tiempo a lo largo de muchos años.
—Y he encontrado la ecuación clave —dijo un buen día a su hija—. El tiempo es un campo. La máquina que he fabricado puede manipular, e incluso invertir, dicho campo.

Apretando un botón mientras hablaba, dijo:

—Esto hará retroceder el tiempo el retroceder hará esto —dijo, hablaba mientras botón un apretando.

—Campo dicho, invertir incluso e, manipular puede fabricado he que máquina la. Campo un es tiempo el. —Hija su a día buen un dijo—. Clave ecuación la encontrado he y.

Años muchos de largo lo a tiempo del teoría la en trabajado había Jones profesor el.

Final El

Fredic Brown



viernes, 17 de enero de 2014

Aquella muerta

Aquella muerta me dijo:-¿No me conoces?… Pues me debías conocer… Has besado mi pelo en la trenza postiza de la otra.

Ramón Gómez de la Serna




miércoles, 15 de enero de 2014

De algo hay que morir

"De algo hay que morir", dijo el gato cuando se enamoró por séptima vez.

Claudia Moreno



lunes, 13 de enero de 2014

Suicidio

Y se suicidó, tirándose al vacío que sentía por dentro.

Teresa Naina



viernes, 10 de enero de 2014

Lobotomía y picahielos

El Dr. Walter Freeman inventó una nueva técnica quirúrgica a la que denominó «lobotomía transorbital», empleada en más de veinte mil casos en los Estados Unidos y que le valió ser galardonado con el premio Nobel. Describía el procedimiento de la siguiente manera:

«La técnica consiste en aturdir a los pacientes con un golpe y, mientras están bajo el efecto del “anestésico”, introducir con fuerza un picahielo entre el glóbulo ocular y el párpado a través del techo de la órbita, hasta alcanzar el lóbulo frontal; en este puntoo se efectúa un corte lateral moviendo el instrumento de una parte a otra».

Como ven, es una técnica muy sencilla. Ahora quiero que se dividan en parejas para un primer ejercicio práctico. Sobre mi escritorio encontrarán nueve picahielos. Ustedes son dieciocho, la velocidad es una cualidad esencial en futuros cirujanos.

Ana María Shua



miércoles, 8 de enero de 2014

Tragedia

María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.

Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.

Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. su parte Olga permanecía soltera y luego tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.

Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel, perfectamente fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía su deber, la parte de Olga adoraba a su amante.

¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?

Así, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados, sino llenos de asombro, por no poder entender un gesto tan absurdo.

Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.

Vicente Huidobro



domingo, 5 de enero de 2014

Muerte de un estilista

—¡Socorro! —gritó.
—¡Auxilio! —volvió a gritar.
—¡Ayuda!
Y los que iban a rescatarlo dejaron de correr: no sería tan grave lo suyo, si aún le quedaban ganas de buscar sinónimos.

Miguel Ibáñez de la Cuesta



miércoles, 1 de enero de 2014

El remolino

Mi gratitud eterna a Gabriela Torres Cuerva (aunque suene a cliché)

Hubo un estruendo entre los árboles, la tierra pareció temblar y la casa se cimbró el domingo de resurrección. Un gigantesco remolino tocó mi puerta y, entre las hojas, se llevó mi espíritu a pasear por la ciudad del ayer.

Llegué al jardín de mi infancia con sus acacias amarillas, árboles de hojas cual verdes mariposas, selva de girasoles convidándonos semillas exquisitas, nuestro inolvidable Pini pinus, naranjos en flor y enormes aguacates, en cuyas ramas enredamos millaradas de ingenuos sueños.

Dancé abrazada al remolino hasta el río en el que solía pescar con mis hermanos. Hacíamos cometas de papel con varas del campo y en sus alas volábamos para saborear dulces nubes como algodones de azúcar.

Descendí al fantástico bosque de los pinitos con sus rosas rojas, escondites, cuevas, subidas y la magnífica bajada de piedras deslizadizas por cuya ladera surgían lagartijas que nos contaron secretos del universo: los niños ya no juegan como antaño, dijeron.

La enigmática vaguedad del remolino me remolcó al parque de las estrellas. Al desaparecer el día nos iluminaba la enorme esfera cambiante que poetas y enamorados admiran desdeñando al sol que transforma sus deslumbrantes exhalaciones de oro en el lucífero rebote de plata.

El remolino me regresó a casa. Pintados en mi vestido están unos pétalos escarlata, peces de colores, agujas de pino, una juguetona lagartija, el sol y la media luna, rodeados todos por el gran remolino del domingo de resurrección.

Laura Pini


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