jueves, 30 de octubre de 2014

Crímenes ejemplares

¡Me negó que le hubiera prestado aquel cuarto tomo…! Y el hueco en la hilera, como un nicho…

Max Aub


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sábado, 25 de octubre de 2014

Tamara vuela dos veces

Rosa fue torturada, bajo control de un médico que mandaba parar, y violada, y fusilada con balas de fogueo. Pasó ocho años presa, sin proceso ni explicaciones, hasta que el año pasado la expulsaron de Argentina. Ahora, en el aeropuerto de Lima, espera. Por encima de los Andes, su hija Tamara viene volando hacia ella.

Tamara viaja acompañada por dos de las abuelas que la encontraron. Devora todo lo que le sirven en el avión, sin dejar una miga de pan ni un grano de azúcar. En Lima, Rosa y Tamara se descubren. Se miran al espejo, juntas, y son idénticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos lunares en los mismos sitios.

Cuando llega la noche, baña a su hija. Al acostarla, le siente un olor lechoso, dulzón; y vuelve a bañarla. Y otra vez. Y por más jabón que le mete, no hay manera de quitarle ese olor. Es un olor raro… Y de pronto, Rosa recuerda. Este es el olor de los bebitos cuando acaban de mamar; Tamara tiene diez años y esta noche huele a recién nacida.

Eduardo Galeano




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martes, 21 de octubre de 2014

Progreso y retroceso. Historias de cronopios y de famas

Inventaron un cristal que dejaba pasar las moscas. La mosca venía empujaba un poco con la cabeza y, pop, ya estaba del otro lado. Alegría enormísima de la mosca.

Todo lo arruinó un sabio húngaro al descubrir que la mosca podía entrar pero no salir, o viceversa a causa de no se sabe que macana en la flexibilidad de las fibras de este cristal, que era muy fibroso. En seguida inventaron el cazamoscas con un terrón de azúcar dentro, y muchas moscas morían desesperadas. Así acabó toda posible confraternidad con estos animales dignos de mejor suerte.

Julio Cortazar


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sábado, 18 de octubre de 2014

Senderos olvidados

Mi tía Eduvigis se pone maquillaje y ya no le pesan los años. Corrige en su rostro caminos que ella desconocía.

Mi tía Eduvigis se pone maquillaje con tal vehemencia hasta no quedar nada de ella. Retoca sus cejas y borra surcos y grietas que alguien dejó para siempre olvidadas.” Lo hago para mirar el sol sin vergüenza “, se dice a sí misma.

Para ella, lo esencial es guardar su cara fatigada en el armario, luego pedir al espejo su aprobación y que le guarde el secreto. Por último, se convence que si el viento no ondula su pelo al salir en la mañana es porque ya la desconoce.

Tal vez se venía preparando desde hace ya mucho tiempo, recuerdo que cuando barría su casa solía guardar la basurilla debajo de la alfombra.

Eduardo Humberto Díaz Rojas


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lunes, 13 de octubre de 2014

Artículo de fe

Las ovejas imaginan un Dios infinitamente misericordioso y bondadoso, capaz de perdonar hasta a los lobos. Los lobos, por su parte, imaginan un Dios fuerte y todopoderoso, temido y adorado hasta por las ovejas.

Juan Armando Epple


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martes, 7 de octubre de 2014

EL SICARIO

La Iglesia estaba en penumbras, era ya casi el mediodía. No había feligreses, salvo un hombre de traje oscuro arrodillado en el penúltimo banco. El anciano sacerdote esperaba pacientemente las campanadas de las doce para cerrar las puertas del templo, sentado en el confesionario por si algún pecador se acercaba. Lentamente entró al templo el sicario y se arrodilló en el último banco. Le susurró al hombre de traje oscuro: ¿ahora? El hombre arrodillado en el penúltimo banco sin darse vuelta le respondió: no, espera que me confiese y me dé la absolución, luego procede. No quiero testigos.

Inés María Cabrera






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viernes, 3 de octubre de 2014

EL PROYECTO

El niño se inclinó sobre su proyecto escolar, una pequeña bola de arcilla que había modelado cuidadosamente. Encerrado en su habitación durante días, la sometió al calor, rodeándola de móviles luminarias, le aplicó descargas eléctricas, separó la materia sólida de la líquida, hizo llover sobre ella esporas sementíferas y la envolvió en una gasa verdemar de humedad. El niño, con orgullo de artífice, contempló a un mismo tiempo la perfección del conjunto y la armonía de cada uno de sus pormenores, las innumerables especies, los distintos frutos, la frescura de las frondas y la tibieza de los manglares, el oro y el viento, los corales y los truenos, los efímeros juegos de luz y sombra, la conjunción de sonidos, colores y aromas que aleteaban sobre la superficie de la bola de arcilla. Contra toda lógica, procesos azarosos comenzaron por escindir átomos imprevistos y el hálito de la vida, desbocado, se extendió desmesuradamente. Primero fue un prurito irregular, luego una llaga, después un manchón denso y repulsivo sobre los carpelos de tierra. El hormigueo de seres vivientes bullía como el torrente sanguíneo de un embrión, hedía como la secreción de una pústula que nadie consigue cerrar. Se multiplicaron la confusión y el ruido, y diminutas columnas de humo se elevaban desde su corteza. Todo era demasiado prolijo y sin sentido. Al niño le había llevado seis días crear aquel mundo y ahora, una vez más en este curso, se exponía al descrédito ante su Maestro y sus Compañeros. Y vio que esto no era bueno. Decidió entonces aplastarlo entre las manos, haciéndolo desaparecer con manifiesto desprecio en el vacío del cosmos: descansaría el séptimo día y comenzaría de nuevo.

Ángel Olgoso




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