viernes, 9 de agosto de 2013

Castillos en el aire

Le gustaba construir castillos de naipes; él decía que esos eran los verdaderos castillos en el aire, y que, por lo tanto, era un símbolo de los sueños. Su destreza en la construcción era irregular, ya que algunas veces sólo acertaba a construir casuchas de sirvientes o campesinos. Esto le debió demostrar que ni los sueños resultan a la altura de nuestros deseos.

Sin embargo, al paso del tiempo, logró ser un maestro en la construcción de castillos, y envanecido, decidió habitar el mejor. Al principio fue el rey de sus quimeras, con una honda satisfacción de su parte; pero después las paredes, brillantes y lustrosas fueron hostiles, hasta que un día, cuando trato de salir, se dio cuenta que ahí no había puertas ni ventanas, ni súbditos de corte, ni damas cortesanas, ni fiestas y que semejante soledad más tenía de prisión que de reinado. Alcanzó la certeza de ser un prisionero.

El final previsible, de esta historia es la muerte. Este llegó al derrumbarse el mejor palacio del arquitecto de sueños, provocando, tal vez, por su intento de fuga, o por el viento, o por el aburrimiento de un dios niño, cansado de jugar.

Enrique Atonal 
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


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