sábado, 6 de julio de 2013

La vecina

El camión de mudanzas estuvo varias horas frente a la casa de al lado. La nueva vecina resultó ser una chica alta y callada. Cada mañana a se vestía con trajes vaporosos, medias, tacones y a veces hasta sombrero y caminaba media cuadra a la parada del autobús. Me asomaba a la ventana para verla pasar pues las mujeres de este barrio siempre andan con sus uniformes de obreras o de prostitutas. Ella era diferente. La boca se me caía ante su refinado atuendo y la gracia de sus movimientos, me preguntaba si una señorita tan fina aceptaría salir con un señor ya entrado en años como yo.

Empecé a acompañarla hasta la esquina, un día me acepto un café, charlamos, nos reímos y la tomé de la mano. Otro día me anime a besarla en el cine y le declaré mi amor. Cada noche soñaba con su hermoso cuerpo, quería hacerla mía, pero como dios manda, ella era una muchacha decente. Hablé con su madre y se fijó la fecha para casarnos.

En la noche de bodas descubrí que el amor de mi vida no era una mujer.

Jana Padilla


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