jueves, 8 de agosto de 2013

El pequeño pianista

La maestra había ejecutado al piano aquella hermosa melodía, una, diez, cien, mil veces.

El chiquillo la escuchó pacientemente, una, diez, cien, mil veces. La sabía de memoria a ojos cerrados y sólo podía entonarla o silbarla. Pero del piano jamás pudo arrancarla.

Desesperada la maestra, había increpado una, diez, cien, mil veces al niño.

Éste, había prometido temeroso, una, diez, cien, mil veces ejecutarla. Esfuerzo vano. Quimérico.

El padre había preguntado sobre el adelanto del pequeño, una, diez, cien, mil veces.

Y la maestra había dado una, diez, cien, mil respuestas iguales. Exasperada por fin, estalló un día:

—“Señor —al padre que quería que su pequeño fuese un gran pianista— es inútil, el niño no aprenderá a tocar, mientras usted se obstine en no adquirir para él los brazos que le faltan.

Emeterio Méndez Jr. 
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


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