miércoles, 14 de agosto de 2013

Im-pacto

El sosiego porfía. Poco a poco desciendo al brumoso territorio de los sueños hasta quedar suspendido en el borde de una pesadilla que me impulsa dentro de ella y me siento tragado por un sueño atroz. Creo volverme loco. No puedo desembarazarme de este sueño. De improviso un hombre pasa despreocupadamente a mi lado. Lo llamo y se detiene.

—Estoy soñando algo muy gracioso —le digo—; si lo quiere, se lo transfiero.
—¿Es gracioso?
—Muy gracioso.
—¿Me hará reír?
—¡Se lo aseguro!
—Lo acepto —dice complacido.

Le doy el sueño, contengo un vago temor y al ver que se aleja huyo ocultando mi trampa maliciosa. Pero a las pocas cuadras me detiene una interrogante. Más por curiosidad que por desagraviar mi culpa, regreso para ver si sufre con mi pesadilla. Ante mi asombro, lo escucho reír a carcajadas, tiene las manos en el estómago y se retuerce. Al advertir que lo sigo exclama:

—¡Gracias! ¡Gracias!
—¡Espere! Le grito, y una envidia contenida me hace preguntar:
—¿Le gusta mi sueño?
—¡Si! Es muy gracioso —responde.
—Bueno, le digo arrepentido, se lo presté por un rato. Ahora me toca a mí.

El hombre resignado me devuelve el sueño. Pero cuando lo recibo siento una pena que me circunda. Es mi mismo sueño atroz, una desgarrante pesadilla y de lejos escucho reír al hombre.

Ernesto Boccia 
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


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