viernes, 7 de junio de 2013

Fotógrafo

Tenía la vista cansada, su único ojo ardía y aunque la visión era turbia (sin lágrimas) la resequedad aumentaba.

El placer consistía en dormir cuando le ponían el párpado en su lugar: soñaba y su imaginación le permitía liberarse de su tortuosa vida.

Jornadas de trabajo de 16 horas continuas, mirando sin querer tantos y tantos documentos e inútiles papeles elaborados por altos funcionarios o absurdos proyectos que de sobra sabía, por la experiencia de años forzada a la misma labor, eran un constante repetir; se negaba a mirar, la obligaban cotidianamente a ese martirio —¿Por qué no soy más pequeña? Se preguntaba ¿Toda mi generación sufrirá lo mismo? ¿Así tratarán a mis semejantes? ¿Cuánto tiempo de vida me queda?

Las enfermedades en este tiempo eran más frecuentes, y no faltaba quien después de maldecirla le daba una patada cuando fallaba en sus labores, así que, además de los manoseos cotidianos todavía la culpaban de algo que ella no podía evitar.

La modelo 7000, de esas fotocopiadoras ocupadas en el gobierno, esperaba inútilmente que alguien la comprendiera.

Alejandro Pastrana Salazar

fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/





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