martes, 12 de noviembre de 2013

Las hormigas y la hora cero

Las hormigas simulan una existencia discreta mientras preparan el hundimiento general de la tierra. Desde la noche de los tiempos, las hormigas vienen trabajando en los grandes fondos para sepultar al hombre en el más descomunal desmoronamiento de los valores éticos y materiales. De acuerdo con esto, sobre la caída del hombre, establecerán un eterno imperio de inflexibles hormigueros.

Testarudas, tenaces, las hormigas solamente llevan en la cabeza el pensamiento puro del final del hombre. La tarea de cada una consiste en arrasar una docena de pulgadas de mundo. Mientras nos reblandecen, no dejan de repetirse con encono: “Ya verán estos cabrones”. Y no descansan. Mueren apenas logran cumplir su docena de pulgadas y la hormiga que no lo consigue es víctima de un rito indecoroso. Los relevos en su trabajo de muerte se verifican de esta manera: Durante verano, unos contingentes acopian alimentos mientras los otros nos siguen socavando. A veces ha parecido que el trabajo está a punto, y algunas hormigas no se explican que no haya llegado ya el día del derrumbe. Pero sucede que carecen de comunicación. Aspirando a que el mundo sea derribado todo a un tiempo, no saben cómo anda la tarea en otras latitudes. Por esta causa el cataclismo ha venido siendo aplazado azarosamente.

Se indica a todos los seres humanos que eliminen a todas las hormigas que les sea posible, especialmente a las que deambulan en puertos, aeropuertos, cabinas telefónicas, comandos de radares, etcétera, etcétera. Evitar que se comuniquen es prolongar nuestra salvación.

Por lo que resta, no se puede impedir que las hormigas prosigan resquebrajándonos.

Puede que quizás se deba confiar en que las hormigas, todas las de todas partes, jamás logren comunicarse entre sí el hecho de que ya nos llegó la hora cero.

Pero imploremos para que las hormigas no crean jamás en presentimientos. Porque si presienten que nos tienen en un hilo de tierra, nos van a hundir de una buena vez.

José Luis García 
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


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