viernes, 28 de junio de 2013

Monólogo del atardecer

Para comenzar digamos que soy Samuel Gordiani, inquilino de varias semanas en éste, el mejor hotel de la ciudad. Digamos que estoy aquí por razones puramente comerciales, que he tenido más éxitos del esperado y que hoy viernes he concluido bastante temprano en la tarde dimisión de mercadear los fabulosos productos cosméticos de la Casa Ardina. Me encuentro aquí en el tranquilo bar del Hotel sorbiendo sin mucha premura un martini preparado con auténtica vodka rusa. Digamos que estoy leyendo en el diario vespertino los últimos acontecimientos; sobre todo, digamos que tengo una comprensión sobrepromedio de la política y la economía, tanto a nivel insular como internacional, y que, de no ser por este afán de correrías, hubiera podido ser un auténtico profesor universitario. Digamos, que estoy entregado a la lectura con el entusiasmo del hombre que ha terminado todas las preocupaciones de la semana, que estoy sumamente tranquilo y escucho la música lejana de algún transmisor radial. Digamos, por fin, que usted entra al bar y sin media palabras, con pasmosa tranquilidad, saca, sin saber de dónde, su revólver Magnum 44, dispara a quemarropa, y caigo, sin decir palabras, sin despedirme, tendido en el periódico de la tarde.

Angel Maldonado
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


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