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sábado, 1 de noviembre de 2014

La daga

Es una daga posiblemente morisca, no soy entendida en armas, desgastada la hoja, damasquinada la empuñadura y la vaina de acero. Nuestro padre nunca nos comentó su origen, por lo que he pensado que tal vez debe de haber pertenecido a alguno de nuestros antepasados españoles que lucharon durante siglos contra los moros hasta que estos fueron expulsados de España. Pero tampoco lo sé con certeza, sólo lo supongo.

La desgastada hoja descansaba envainada sobre una mesa en mi departamento.  Una tarde entró un asaltante a mi casa, solo atiné a quedarme quieta y en silencio, mientras el hombre trataba de atarme a una silla. Yo tenía la vista fija en la mesa donde descansaba la vieja daga, para no mirarle la cara al delincuente. Entonces fue cuando  la carcomida hoja, desgastada por el tiempo y el uso, comenzó lentamente a moverse y salir de la vaina, en silencio y con sigilo. Lentamente se colocó de punta y con un movimiento rápido, aprendido a través de los siglos de lucha, se clavó en el pecho del hombre. Yo sentí que el hombre gritaba, mientras la hoja limpia, sin manchas, regresaba a su vaina que la esperaba.  El asaltante cayó al suelo. Yo temblaba.

Inés María Cabrera


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miércoles, 26 de marzo de 2014

El helado de leche merengada

Está sobre ti, pero tu mente vuela. Dejas a la mujer en la cama, la que se gana la vida con quien la desea y te lo llevas a él, contigo. Cogidos de la mano, camináis por el paseo marítimo, globos de colores os miran al pasar, altaneros. En el mercaillo del puerto te paras en cada puesto, todo te encandila, babuchas, chucherías, pañuelos… quiere regalarte uno; el de flores, el grana, o quizá el azul… te cuesta elegir ¡son todos tan bonitos!. Disfrutando como una niña chica, corres hasta el carrito de los helados, te pides uno, bien grande. Te sabe a casa, a tu madre, a sus maravillosas gachas con leche, con su canela en rama y una mijita de matalahúga, ese ingrediente estrella que ella a nadie desvelaba. Hace poco que se fue, cansada de parir, estropeada. De tu padre, prefieres no acordarte.

Dejas de soñar. Se acaba el helado, vuelan los globos, se esfuma el pañuelo. Sabes que nunca te llevará de paseo, es como los otros, solo paga lo que consume. Vuelves. Él sigue ahí, sobre ti.

Mª Rosario Val Gracia

 
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jueves, 20 de febrero de 2014

Abordaje

Tres hombres de aspecto salvaje abordan mi casa y, machete en mano, me exigen que escriba un cuento de gatos. Los ignoro y, según suelo hacer los domingos, escribo una sencilla historia de piratas.

Choan C. Gálvez



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sábado, 26 de octubre de 2013

192

Regresó a su casa después de un viaje de tres meses. No pudo abrir: las cerraduras habían sido cambiadas. Tocó el timbre. Vio que la puerta se abría y al entrar su esposa con un cuchillo, y un individuo con un hacha, lo atacaron. Tras un movimiento. Tras un movimiento rápido para esquivar la cuchillada se escondió en el garage. Escuchó pasos y la voz de ella: “Debe estar en el armario”. Las puertas crujieron y el hacha se proyectó contra su cabeza. Apretó los párpados … Abrió los ojos y se tranquilizó: su maleta estaba en la otra cama. Se levantó. Luego de bañarse, rasurarse y vestirse, manejó 192 kilómetros y regresó a su casa. No pudo abrir: las cerraduras habían sido cambiadas. 

Jorge Unikel 
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


viernes, 28 de junio de 2013

Monólogo del atardecer

Para comenzar digamos que soy Samuel Gordiani, inquilino de varias semanas en éste, el mejor hotel de la ciudad. Digamos que estoy aquí por razones puramente comerciales, que he tenido más éxitos del esperado y que hoy viernes he concluido bastante temprano en la tarde dimisión de mercadear los fabulosos productos cosméticos de la Casa Ardina. Me encuentro aquí en el tranquilo bar del Hotel sorbiendo sin mucha premura un martini preparado con auténtica vodka rusa. Digamos que estoy leyendo en el diario vespertino los últimos acontecimientos; sobre todo, digamos que tengo una comprensión sobrepromedio de la política y la economía, tanto a nivel insular como internacional, y que, de no ser por este afán de correrías, hubiera podido ser un auténtico profesor universitario. Digamos, que estoy entregado a la lectura con el entusiasmo del hombre que ha terminado todas las preocupaciones de la semana, que estoy sumamente tranquilo y escucho la música lejana de algún transmisor radial. Digamos, por fin, que usted entra al bar y sin media palabras, con pasmosa tranquilidad, saca, sin saber de dónde, su revólver Magnum 44, dispara a quemarropa, y caigo, sin decir palabras, sin despedirme, tendido en el periódico de la tarde.

Angel Maldonado
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


miércoles, 17 de abril de 2013

Pequeños cuerpos

Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.

Triunfo Arciniegas


viernes, 8 de junio de 2012

Simbad

Algunos de los marineros que regresaban de sus largos viajes solían visitar a Simbad, el paralítico. Simbad cerraba los ojos y les contaba las aventuras de sus propios viajes interiores. Para hacerlas más verosímiles a veces se las ajudicaba a Odiseo. ‘Apuesto’, pensaba Simbad cuando se quedaba solo, ‘a que tampoco él salió nunca de su casa.’

Imbert


sábado, 2 de junio de 2012

Golpe

-Mamá, dijo el niño, ¿qué es un golpe?
-Algo que duele muchísimo y deja amoratado el lugar donde te dio.

El niño fue hasta la puerta de casa. Todo el país que le cupo en la mirada tenía un tinte violáceo.

Pía Barros.


sábado, 3 de diciembre de 2011

Hablaba y hablaba

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba.

¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

Max Aub



viernes, 29 de julio de 2011

Rincones

Los rincones más hermosos de mi casa son los de tu cuerpo cuando la habitas.

Teresa Serván.


martes, 26 de julio de 2011

La vida

Aquel joven holgazán e indolente malgastaba todo su tiempo tumbado, viendo la televisión. Un buen día sintió que la vida se le escapaba y salió corriendo tras ella. Después de muchos años deambulando por el mundo buscándola sin éxito, ya viejo y cansado, decidió regresar. Y allí estaba, esperándolo en el sofá de su casa, donde creyó haberla visto por última vez.

Sara Lew
http://microrelatosilustrados.blogspot.com/


domingo, 29 de mayo de 2011

LLAMADA

Llame esta noche a mi casa y me atendí yo; no supe qué decirme.

Fabián Bonelli.



miércoles, 16 de febrero de 2011

AGUA DE SUEÑO

La niña que, en su casa, llevaba un cubo de agua y apareció de pronto en el desierto, se dijo:
—Juraría que iba a bañarme.




martes, 18 de enero de 2011

DESCENDENCIA

Celia dio a luz un hermoso botón. Creyó que había sido un sueño. Con sorpresa vio que el botón la seguía por la casa pidiéndole que lo amamantara con hilo blanco y que le cantase una nana. 

Ángel Guache.


viernes, 31 de diciembre de 2010

Pequeños cuerpos.

Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.
Triunfo Arciniegas.


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