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viernes, 20 de junio de 2014

El tamaño importa

En 1832 llegó a México, con un circo, el primer elefante que pisó tierras aztecas. Se llamaba Mogul. Después de su muerte, su carne fue vendida a elaboradores de antojitos y su esqueleto fue exhibido como si hubiera pertenecido a un animal prehistórico. El circo tenía también un pequeño dinosaurio, no más grande que una iguana, pero no llamaba la atención más que por su habilidad para bailar habaneras. Murió en uno de los penosos viajes de pueblo en pueblo, fue enterrado al costado del camino, sin una piedra que señalara su tumba, y nada sabríamos de él si no lo hubiera soñado Monterroso.

Ana Maria Shua


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sábado, 3 de agosto de 2013

La muchacha del arapaho

Una muchacha arapaho de las llanuras de Norteamérica, espió a un puerco espín que estaba cerca de un álamo. Trató de herir al animal, pero éste se escondió detrás del árbol y empezó a trepar. La muchacha lo siguió, pero el animal siempre estaba fuera de su alcance: “Bueno —dijo—, voy a subir para capturar al puerco espín porque quiero sus púas, y si es necesario subiré hasta la punta.” El puerco espín llegó a la punta del árbol, pero cuando ella se acercó para echarle mano, el álamo creció repentinamente y el puerco espín siguió subiendo. Miró hacia abajo y vio a sus amigos llamándola e insistiendo en que bajara; pero como ya estaba bajo la influencia del puerco espín y tuvo miedo de la gran distancia entre ella y el suelo, continuó subiendo, hasta que se convirtió en una mancha para aquellos que la veían desde abajo, y junto con el puerco espín finalmente alcanzó el cielo.

Dorsey y Kroeber en Traditions of the Arapaho 
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


lunes, 8 de julio de 2013

Noctámbulo

-Creen que no los veo, aunque les noto inseguridad. Su hambre también les quita la vida. Muchas veces me he preguntado cómo sería mi existencia si ellos no fueran tan inocentes. Cuando las nubes cubran la luna sabrán que no están solos. Ya tengo hambre.

Jex Rex


martes, 2 de julio de 2013

El nahual

Cuantas veces le platicaron a Juan Panadero de las esporádicas apariciones del Nahual en las tinieblas de los caminos vecinales, no lo creía. Se mofaba de quienes aseguraban la supervivencia de aborígenes que heredaron de sus ancestros las malas artes de la hechicería, capaces de transformarse en un animal generalmente macho cabrío o en greñudo perro de boca descomunal, cuyos ojos despiden en la oscuridad, siniestros fulgores rojos. Tal es el Nahual. Hasta que una noche yendo Juan Panadero solo y su alma, para el poblado de Tehuipango en plena sierra de Zongolica, entre los estados de Veracruz y Puebla, se encontró de manos a boca en una encrucijada con el Nahual en forma de un chivo, parado a mitad del camino impidiéndole el paso y fue tanto el susto del viandante que se quedó mudo. Afirman los brujos zongoliqueños, que recuperará el habla hasta que vuelva a hallar en una sinuosa vereda el Nahual que lo curará de espanto.

Benito Guerrero Páez
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/


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