Extraña es la sensación que me produce observar las enormes gotas que incesantemente se precipitan sobre el áspero terreno, desperdigándose a su vez en otras más pequeñas.
Mi explícita memoria aprisionaba mis estultos pensamientos que revolotean en mis atrofiados sentidos.
Mis labios reclaman el derecho que por sí les corresponde: el habla. Mi extraviado cuerpo clama el estatismo de mis piernas, más ninguna de las dos cosas puedo remediar…
Mis pensamientos fueron cortados violentamente…
—Mira, Juan, ese es el que traicionó a mi General Villa. Lo colgaron sin piedad, pero yo creo que deberían haberlo hecho sufrir antes de matarlo, ahora ya no recibirá castigo alguno.
—Pos, quien sabe hermano, a lo mejor se esta quemando entre las llamas del meritito infierno.
La tormenta era llovizna…
Mi cuerpo humedecido goteó sobre el lodoso suelo que jamás volveré a pisar.
José Liberty
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jueves, 7 de noviembre de 2013
Mientras cesa la lluvia
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lunes, 29 de julio de 2013
Historia de un diálogo inútil
Un caballero entró en el café atestado. Con gran desasosiego se resignó a compartir la mesa que un solitario caballero ocupaba al borde de la plazoleta. El solitario caballero no presentó ningún inconveniente y el caballero se sentó. Y he aquí que ambos caballeros bebían y leían el periódico sin mirarse ni dirigirse una palabra. Pero el caballero tuvo escrúpulos de estar allí sentado sin darle conversación al solitario caballero. En realidad le agradaba estar así, en paz, leyendo su diario y saboreando su café, pero la presencia de otra persona en la misma mesa imponía un silencio molesto, un silencio indeciso, un silencio balanceado, un silencio en vilo que manchaba la serenidad con que leería la prensa y gustaría su café si estuviera solo; pensaba que el solitario caballero pensaba que sería cortés proponer un tema. Entonces vio en el periódico la reseña de un novedoso espectáculo: un hombre, Mercer a sus poderes hipnóticos, hacía que las personas ladrasen como perros, mallasen como gatos, silbasen como peces o se estuvieran tan tiesos como varas de ausubo. El artículo añadía que este hombre mostraba tener también una probada dote telepática, es decir, que leía los pensamientos. El caballero lo consideró todo una farsa y decidió comunicar su escepticismo al solitario caballero, que ocultaba su rostro tras el periódico.
—No sé cómo piense usted, pero yo… —comenzó a decir el caballero.
—Yo tampoco creo en la telepatía —lo interrumpió el solitario caballero, sin asomarse.
Diego Deni
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—No sé cómo piense usted, pero yo… —comenzó a decir el caballero.
—Yo tampoco creo en la telepatía —lo interrumpió el solitario caballero, sin asomarse.
Diego Deni
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lunes, 22 de julio de 2013
Despertar
Cada noche, tres rinocerontes blancos cabalgaban por la llanura inmensa de mis sueños. Pasaban veloces haciendo resonar su blando cuerpo de armadura ignota, resoplando suspiros viejos, inundando de vaho verde mis plantas doloridas y llevándose mi pensamiento a los ayeres no encontrados pero largamente presentidos. Corrían desbocados levantando tenues nubes rojas, y se iban empequeñeciendo hasta desaparecer en las rocas agrestes de aquella montaña: muro cerrado que abría sus grietas afiladas por el viento para tragar por entero a mis tres cabalgaduras blancas. Así, mi pensamiento se vaciaba noche a noche, dejándome dividida entre un presente incierto y un ayer desconocido.
Por eso, en mi último sueño decidí correr tras mi pensamiento, irme con él fuertemente asida a sus lazos infinitos, y así, juntamente con los tres rinocerontes blancos, traspasar la impenetrable roca-muro.
Hoy, me despierto cegada por un reflector hiriente que me recorre, Frente a mí, varios pares de ojos ávidos me observan escrutadores y una voz resuena entre las abras petrificándose en mi alma: —
¡Fantástico! ¡Vean, aquí está una mujer! No cabe duda, estas pinturas rupestres son realmente únicas.
Carolina Castro Padilla
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/
Por eso, en mi último sueño decidí correr tras mi pensamiento, irme con él fuertemente asida a sus lazos infinitos, y así, juntamente con los tres rinocerontes blancos, traspasar la impenetrable roca-muro.
Hoy, me despierto cegada por un reflector hiriente que me recorre, Frente a mí, varios pares de ojos ávidos me observan escrutadores y una voz resuena entre las abras petrificándose en mi alma: —
¡Fantástico! ¡Vean, aquí está una mujer! No cabe duda, estas pinturas rupestres son realmente únicas.
Carolina Castro Padilla
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domingo, 12 de junio de 2011
UN ANTES Y UN DESPUES
Antes de las lluvias, observaba ensimismado a un ejército de hormigas, que corría atareado.
Hoy, sentado al borde de un camino con reflejos tornasol, espera solícito al paciente caracol.
Izel Garcia.
Hoy, sentado al borde de un camino con reflejos tornasol, espera solícito al paciente caracol.
Izel Garcia.
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