La mujer dio vueltas y vueltas a las perillas de su aparato, al cual la imagen no quería regresar.
—¡Extraño suceso! ¡Y terrible a la vez! ¡Precisamente cuando me disponía a ver mi programa de risa!
Le dio una vuelta más, y la visión regresó. La mujer se puso contenta.
En la pantalla se veía una familia, con los ojos muy abiertos, que la observaba atenta y divertidamente.
—¡Raro! —dijo— Antes este aparato no tenía visión de colores y ahora lo tiene.
Al oír esto, la familia rió.
La mujer había dejado la mano sobre una perilla. Cuando se vio la mano, el cuerpo, y observó que ella, y toda su alcoba estaban iluminadas en blanco y negro, lanzó un grito de horror.
La familia se rió.
Diego Jáuregui Prieto
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/
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martes, 30 de julio de 2013
viernes, 3 de diciembre de 2010
EL POZO
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.
Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.
En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.
"Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.
Luis Mateo Díez
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