Únicamente faltaba construir la parte alta de nuestra casa. Mi marido ordenó a los trabajadores que hicieran una pared como rompe viento y, para comunicarse, unos túneles estilo gótico, que eran únicos. Los túneles eran en diferentes tamaños, muy hermosos, pero al final eran tan reducidos que no se podía seguir. Lo sorprendente era que al acercarse, uno podía reducir su tamaño y pasar tranquilamente. Una tarde subí para ver la construcción, y me sorprendí que entre todo aquello había unos huevos de aves. También encontré otros color gris, con poros. De repente apareció su dueña, una mariposa, que tenía su nido entre aquellos escombros. Me atrajo tanto por sus poros y color, que fijé la vista en ella; pero mi angustia aumentó al ver que cayó en llamas. Unos instantes después volvió a la normalidad y empezó a volar. Cambió su nido a una de las ventanas del rompe viento en donde se encontraba una escultura, ahí empezó a incubar y no salió hasta cumplir su periodo. Al salir la mariposa era tan grande que una noche que tuvimos visitas, la guisamos y estaba verdaderamente deliciosa.
Guillermina Martínez de Salas
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/
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miércoles, 4 de septiembre de 2013
Mariposa
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sábado, 29 de junio de 2013
Hallazgo nocturno
Entro a mi habitación que está, como de costumbre, oscura y fría. Me desvisto en las tinieblas y recorro el conocido camino hasta mi cama que, lógicamente, debía estar vacía, pero con extrañeza descubro que hay alguien en ella.
La primera sensación es, por supuesto, de sorpresa; me repongo al instante y, procurando no despertar al durmiente, hago girar el interruptor de la luz, iluminando perversamente todo el cuarto.
Veo entonces que soy yo la que está acostada en la cama, pero tengo demasiado sueño para sorprenderme de este descubrimiento. Trato de despertar a la que duerme, de echarla a un lado, de hacerla comprender que estoy cansada, que necesito dormir, pero todo es inútil. Hastiada de esfuerzos estériles, me resigno a aceptar esta presencia, en cierta forma extraña, y me acuesto dulcemente a su lado.
Ángela Martínez
fuente: http://minisdelcuento.wordpress.com/
La primera sensación es, por supuesto, de sorpresa; me repongo al instante y, procurando no despertar al durmiente, hago girar el interruptor de la luz, iluminando perversamente todo el cuarto.
Veo entonces que soy yo la que está acostada en la cama, pero tengo demasiado sueño para sorprenderme de este descubrimiento. Trato de despertar a la que duerme, de echarla a un lado, de hacerla comprender que estoy cansada, que necesito dormir, pero todo es inútil. Hastiada de esfuerzos estériles, me resigno a aceptar esta presencia, en cierta forma extraña, y me acuesto dulcemente a su lado.
Ángela Martínez
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